En este tercer y último post dedicado al viaje para presenciar la final de la UEFA en Glasgow toca hablar del post-partido, o como pasar toda una lluviosa noche en una ciudad desconocida, sin alojamiento, y además con los ánimos tocados por el desenlace del encuentro.

Los lanzamientos de penalties fueron un jarro de agua fría brutal. La verdad, es que da mucha rabia nadar tanto (y a contracorriente) para morir ahogado en la orilla, pero como dijo aquel, el fútbol es así, y Palop un portero con el santo de cara, capaz no sólo de detener penalties sino también de anotar goles decisivos.

Así que después de que los jugadores del Espanyol se acercaran con lágrimas en los ojos hasta donde estábamos para así poder agradecerles el esfuerzo realizado y el coraje demostrado, en una especie de catarsis colectiva, poco a poco fuimos abandonando Hampden Park, a ritmo lento y la mirada bastante perdida. Recuerdo que se oían los cánticos de los seguidores sevillistas dentro del estadio y que los fuegos artificiales iluminaban el cielo de rojo, pero es como si ya estuviera a muchos quilómetros de allí, catapultado fuera del sueño sin poder tener tiempo ni tan siquiera para quejarte.

Sin saber muy bien porqué, en vez de dirigirme hacia la estación de trenes, empecé a caminar en dirección opuesta, hacia donde estaban los autobuses de los seguidores que habían viajado con agencias. Las luces del centro se distinguían a lo lejos, así que lentamente fui dejando atrás a sombras blanquiazules totalmente abatidas que iban desapareciendo a medida que se abrían las puertas de los autocares, y me encaminé hacia donde unas horas antes se habían montado escenarios y carpas callejeras para dar la bienvenida a los seguidores de ambos equipos.

Durante el camino de vuelta conocí a Agustín, un asesor inmobiliario de Ibiza perico hasta la médula que también se dirigía hacia el centro con el mismo plan que yo, o sea, ninguno. La verdad es que fue todo un golpe de suerte en una noche que se presumía muy larga, ya que hasta las 8.40 no salía mi primer vuelo y ya no había transporte público hasta el aeropuerto hasta dentro de unas cuantas horas.

El McDonald's cercano a St. George Square fue el punto de elegido para cenar y descansar un rato. Llegamos al filo de la medianoche. Poco a poco, el local se fue llenando de seguidores de uno y otro equipo. Fue curioso, pero los seguidores del Sevilla no se mostraron muy eufóricos. Supongo que la forma en que ganaron, en los penalties después de haber jugado más de la mitad del partido con un hombre de más por una decisión arbitral muy discutible, hizo que guardasen un diplomático silencio.

En el McDonald's también conocí a un par de jóvenes seguidores, amigos de Marc Torrejón, al que estaban intentando localizar por el teléfono para ver si podían encontrar algún sitio donde pasar la noche.

Con el estómago lleno y los pies descansados, nos dispusimos a conocer los encantos de la noche escocesa. Todos los pubs tenían banderas españolas en sus puertas para dar la bienvenida a los fans. Se veían bastante llenos y animados, así que nos decidimos por uno cuyo nombre era sugerente: Frankenstein.

El sitio estaba lleno de sevillistas, pericos y escoceses. El buen rollo era la nota predominante. Los del Sevilla te daban ánimos, tú les felicitabas, brindábamos juntos y los del lugar preguntaban si eras del equipo winner o loser, porque no sabían distinguir a unos de otros.

Ahí estuvimos antes que cerraron, algo pasadas las tres de la madrugada. Después de que el portero del pub nos dijera que los casinos eran el único sitio abierto a esas horas, decidimos ir a dar una vuelta hasta que Central Station abriera y pudiésemos iniciar el camino de vuelta a Barcelona. Agustín tenía que coger un tren a las ocho de la mañana en dirección a Manchester, desde donde salía su vuelo a Alicante, ciudad desde donde tenía pensado llegar a la Ciudad Condal en tren (en vez de ir a Ibiza directamente, había planeado su vuelta hasta Barcelona ya que estaba convencido que el Espanyol iba a salir campeón y quería estar en las celebraciones).

El tiempo que transcurrió hasta que la estación abrió se hizo eterno. Los alrededores de Central Station estaban llenos de gente tirada en el suelo intentando dormir algo. Nosotros optamos por sentarnos a esperar en una parada de autobús cercana, ya que las señales de alarma que los pies emitían eran cada vez más intensas y constantes.

Allí conocimos a unos chicos de Glasgow que también habían ido a ver el partido. Buena gente pero algo pesados. No paraban de hacer preguntas sobre el fútbol español. Joé, estaban más al corriente de todo que nosotros dos. Supongo que al no ser su liga tan fuerte como la nuestra, se fijaban más en otros campeonatos.

Por fin se abrieron las puertas de la estación y cambiamos el banco de la parada del autobús por los asientos del vestíbulo de la estación. Compré mi billete para el aeropuerto. El tren era de los primeros en salir, así que tuve el tiempo casi justo para despedirme de Agustín y dirigirme hacia el andén.

Como ya habréis leído, el viaje finalizaba a las 10 de la noche en Barcelona.

 
 

La organización lo tenía todo controlado. A las cinco de la tarde se acabó la fiesta en el centro de Glasgow y nos avisaron de que los trenes especiales que iban para el estadio empezaban a salir. Así que obedientes, nos dirigimos como una mancha de aceite roja y blanquiazul hacia Central Station, situada a escasos metros de donde los dos equipos habían montado sus carpas para acoger a los aficionados. 

En la estación, presentando tu entrada del partido, podías acceder gratis a unos andenes reservados de donde salían trenes lanzadera hacia Hampden Park. El trayecto no duraba más de 15 minutos. Ya os podéis imaginar la foto. Todos en los vagones cantando, gritando y saludando por las ventanillas a los paisanos que nos miraban alucinados en las diferentes paradas.

Cuando llegamos, todavía quedaban un par de horas para que empezara el partido, así que los que íbamos llegando nos fuimos colocando alrededor de la que, en teoría, iba a ser la puerta por la que entrarían los autocares con los jugadores.

Allí se vivió un pique muy sano entre las dos aficiones. En un lado de la rampa de acceso, los del Sevilla, que no paraban de cantar “vamos mi Sevilla, vamos campeones”. En el otro, los pericos, con su “Adelante força mágico Espanyol!!” y en medio, los fotógrafos y cámaras de los medios, que aprovechaban para inmortalizar la bien conocida “spanish fiesta”.

La hora del partido se acercaba e iba aumentando el número de gente allí concentrada. Al final, nos dieron esquinazo, y ambos equipos entraron por otra puerta secundaria para evitar posibles problemas. Así que, una vez supimos que “all the players are inside”, nos fuimos para nuestras localidades. Antes de entrar me encontré con la hermana de Moisés Hurtado que, casualidades de la vida, juega a waterpolo en Badia y nos conocemos desde que éramos pequeños. Nos deseamos suerte... joder, que bien nos habría venido, sobre todo para su hermano.

El fondo este era una mancha blanquiazul. Uff, ver aquello ya merece la pena toda la odisea vivida para ir y venir. Se animaba y se gritaba cualquier pequeño detalle que se produjera. Que salían por el videomarcador los goles del Espanyol en la Uefa, toda la gente los gritaba como si fueran en directo… así hasta que los jugadores saltaron a calentar y entonces fue espectacular. Ver a Iván de la Peña salir corriendo del túnel de vestuarios con los brazos en alto gritando al público fue como una señal para que todo el mundo se pusiera en pie y empezara a gritar aún más.

El calentamiento fue corto pero intenso. Los jugadores se retiraron y volvieron a salir poco después mientras sonaban los acordes de "Smells like a teen spirit" de Nirvana. Eso fue espectacular. Toda la gente en pie, ondeando las banderas y bufandas. Los del Sevilla desplegando un mosaíco y una pancarta gigante... una imagen imborrable.

El partido supongo que lo veríais. Llegar a la prórroga con 10 jugadores fue como una victoria, porque la verdad, si el Sevilla ya asustaba antes de empezar el encuentro, imaginaos con un hombre de más durante casi medio partido. El gol de Kanouté fue un mazazo. Nos cortó la circulación de golpe, pero, sólo duró un instante. Ese silencio de dos segundos dio paso a una cosa increíble. Todo el fondo del Espanyol se levantó y empezó a cantar como si hubiésemos sido nosotros los autores del gol. Yo ya estaba ronco y quedaba la segunda parte de la prórroga.

Esos segundos quince minutos se vivieron con un estado de nervios brutal. El Sevilla se recreaba, chutaba una y otra vez a Gorka, y parecía que el tercero no iba a tardar en llegar, poniendo así fin a todo. Pero entonces, lo inesperado. Jonatas engancha un tiro cruzado perfecto, Palop se estira pero el balón acaba entrando y mi cabeza y garganta estallan.

Fue un terremoto, una explosión, un orgasmo colectivo. El fondo este se vino abajo. La gente lloraba de alegría, el señor que estaba delante de mí, con sus años vividos, de rodillas dando gracias a un ser superior. Yo sólo me acuerdo que me puse de pie en la butaca y empecé a saltar y saltar...

Ese gol, junto con los pocos minutos que quedaban para el final de la prórroga, fueron lo mejor. Todos los pericos cantando "este partido, lo vamos a ganar!!" y yo creo que hubiera sido así, porque si dicen que el fútbol es un estado de ánimo, era imposible superar al nuestro. Me acuerdo que en cada córner que forzó el Espanyol hasta el final del partido, todos lo celebrábamos como si fuera un gol, esperando el remate de cabeza definitivo de Pandiani...

Al final, no pudo ser, y el Sevilla vio, gran paradoja, el final de la segunda prórroga con alivio.

Los penalties ya se sabe, una lotería. Ahora Europa ya tiene una doble deuda con el Espanyol.


 
 

Me gustaría explicaros, a través de estos posts, mi viaje hasta Glasgow para asistir a la final de la Copa de la Uefa entre el Espanyol y el Sevilla. En esta primera entrega, os relataré todo lo relacionado a los viajes de ida y vuelta, toda una aventura.

Conseguir el billete hasta Glasgow fue relativamente fácil. Lo pude hacer vía Dublín - Edimburgo.

Salí a las siete de la mañana del Prat con un vuelo de clickair hasta Dubín. Todo el avión iba lleno de seguidores del Espanyol. El comandante Pinedo se lo curró, y nos deseó buena suerte en el partido...gafe. Llegamos a Irlanda a las 9.30 hora local y a las 13.30 salió el vuelo de aerlingus hacía Edimburgo.

En la terminal ya nos juntamos con unos cuantos del Sevilla y empezaron los cánticos, ante el alucine general del personal, que no entendía que hacían unos de azul y otros de rojo cantando en un aeropuerto...nos sugirieron que guardásemos algo de silencio para embarcar, a lo que alguno respondió que ese mismo cuento se lo podrían aplicar los paisanos de las islas que van para Mallorca...al final la gente se comportó y embarcamos.

Edimburgo es bonito, al menos el trozo que pude ver desde el autobús que me llevó del aeropuerto a la estación central de trenes. Un cercanías me colocó en el mismo centro de Glasgow a eso de las cuatro de la tarde. Fue salir de la estación y alucinar con el ambiente. Todo el centro de la ciudad estaba tomado por seguidores del Sevilla y del Espanyol. Música, bebida, frío, lluvia y buen rollito, entre aficiones y con la policía, que accedían a hacerse fotos sin ningún problema.

El jueves, día después del partido, mi vuelo salía de Glasgow a las 8.40 hacía Birmingham. El aeropuerto de Glasgow parecía un campo de refugiados, lleno de seguidores tirados por la moqueta intentando dormir algo. De Birmingham volaría a Palma de Mallorca para luego conectar con Barcelona. Más vueltas que una peonza por culpa del aumento repentino de los precios de los billetes a la capital catalana desde las islas.

En el vuelo hasta Palma coincidí con la despedida de soltero de un inglés al que los colegas habían disfrazado de botellín de cerveza... y no pude evitar acordarme de lo que había pasado en Dubín jejejeje.
 
Y de Palma de Mallorca a Barcelona, adonde llegué a las 10 de la noche.

En otro post os explicaré el partido y la noche en Glasgow!

 

    Autor

    He vivido ya 8 Mundiales de Fútbol, 7 Juegos Olímpicos, 5 giras de Bruce Springsteen, 2 finales de la UEFA del Espanyol y una boda de una hermana.

    View my profile on LinkedIn

    Archivos

    May 2008
    February 2008
    November 2007
    September 2007
    July 2007
    June 2007
    May 2007

    Categorías

    All
    Cnbadiaorg
    Web
    Bicicleta
    Toto
    Waterpolo
    Espanyol
    Modernidad
    Bienvenida
    Chandal
    Springsteen

    RSS Feed

    Enlaces

    La decadencia del ingenio
    ¿Qué pasa, follador?
    Club Natació Badia

    Mis fotos de flickr