
La organización lo tenía todo controlado. A las cinco de la tarde se acabó la fiesta en el centro de Glasgow y nos avisaron de que los trenes especiales que iban para el estadio empezaban a salir. Así que obedientes, nos dirigimos como una mancha de aceite roja y blanquiazul hacia Central Station, situada a escasos metros de donde los dos equipos habían montado sus carpas para acoger a los aficionados.
En la estación, presentando tu entrada del partido, podías acceder gratis a unos andenes reservados de donde salían trenes lanzadera hacia Hampden Park. El trayecto no duraba más de 15 minutos. Ya os podéis imaginar la foto. Todos en los vagones cantando, gritando y saludando por las ventanillas a los paisanos que nos miraban alucinados en las diferentes paradas.
Cuando llegamos, todavía quedaban un par de horas para que empezara el partido, así que los que íbamos llegando nos fuimos colocando alrededor de la que, en teoría, iba a ser la puerta por la que entrarían los autocares con los jugadores.
Allí se vivió un pique muy sano entre las dos aficiones. En un lado de la rampa de acceso, los del Sevilla, que no paraban de cantar “vamos mi Sevilla, vamos campeones”. En el otro, los pericos, con su “Adelante força mágico Espanyol!!” y en medio, los fotógrafos y cámaras de los medios, que aprovechaban para inmortalizar la bien conocida “spanish fiesta”.
La hora del partido se acercaba e iba aumentando el número de gente allí concentrada. Al final, nos dieron esquinazo, y ambos equipos entraron por otra puerta secundaria para evitar posibles problemas. Así que, una vez supimos que “all the players are inside”, nos fuimos para nuestras localidades. Antes de entrar me encontré con la hermana de Moisés Hurtado que, casualidades de la vida, juega a waterpolo en Badia y nos conocemos desde que éramos pequeños. Nos deseamos suerte... joder, que bien nos habría venido, sobre todo para su hermano.
El fondo este era una mancha blanquiazul. Uff, ver aquello ya merece la pena toda la odisea vivida para ir y venir. Se animaba y se gritaba cualquier pequeño detalle que se produjera. Que salían por el videomarcador los goles del Espanyol en la Uefa, toda la gente los gritaba como si fueran en directo… así hasta que los jugadores saltaron a calentar y entonces fue espectacular. Ver a Iván de la Peña salir corriendo del túnel de vestuarios con los brazos en alto gritando al público fue como una señal para que todo el mundo se pusiera en pie y empezara a gritar aún más.
El calentamiento fue corto pero intenso. Los jugadores se retiraron y volvieron a salir poco después mientras sonaban los acordes de "Smells like a teen spirit" de Nirvana. Eso fue espectacular. Toda la gente en pie, ondeando las banderas y bufandas. Los del Sevilla desplegando un mosaíco y una pancarta gigante... una imagen imborrable.
El partido supongo que lo veríais. Llegar a la prórroga con 10 jugadores fue como una victoria, porque la verdad, si el Sevilla ya asustaba antes de empezar el encuentro, imaginaos con un hombre de más durante casi medio partido. El gol de Kanouté fue un mazazo. Nos cortó la circulación de golpe, pero, sólo duró un instante. Ese silencio de dos segundos dio paso a una cosa increíble. Todo el fondo del Espanyol se levantó y empezó a cantar como si hubiésemos sido nosotros los autores del gol. Yo ya estaba ronco y quedaba la segunda parte de la prórroga.
Esos segundos quince minutos se vivieron con un estado de nervios brutal. El Sevilla se recreaba, chutaba una y otra vez a Gorka, y parecía que el tercero no iba a tardar en llegar, poniendo así fin a todo. Pero entonces, lo inesperado. Jonatas engancha un tiro cruzado perfecto, Palop se estira pero el balón acaba entrando y mi cabeza y garganta estallan.
Fue un terremoto, una explosión, un orgasmo colectivo. El fondo este se vino abajo. La gente lloraba de alegría, el señor que estaba delante de mí, con sus años vividos, de rodillas dando gracias a un ser superior. Yo sólo me acuerdo que me puse de pie en la butaca y empecé a saltar y saltar...
Ese gol, junto con los pocos minutos que quedaban para el final de la prórroga, fueron lo mejor. Todos los pericos cantando "este partido, lo vamos a ganar!!" y yo creo que hubiera sido así, porque si dicen que el fútbol es un estado de ánimo, era imposible superar al nuestro. Me acuerdo que en cada córner que forzó el Espanyol hasta el final del partido, todos lo celebrábamos como si fuera un gol, esperando el remate de cabeza definitivo de Pandiani...
Al final, no pudo ser, y el Sevilla vio, gran paradoja, el final de la segunda prórroga con alivio.
Los penalties ya se sabe, una lotería. Ahora Europa ya tiene una doble deuda con el Espanyol.